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212 Pachinas

280 g de peso

Formato de 15 x 24 cm

Añada d'edizión: 2014

Colezión: Fueras de colezión

ISBN: 978-84-8094-954-5

EL PENÚLTIMO PROFETA

Autor: Ramón Meseguer Albiac

PBP:20 EUR

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Sinopsis

El penúltimo profeta es un libro de viaje, pero no es un viaje lineal de empezar en el principio y llegar a la meta, ni siquiera un viaje circular, que empieza y acaba en el mismo sitio tras haber pasado las peripecias de rigor.

El penúltimo profeta es un viaje hacia el interior de la mente del protagonista y del lector, donde subyace el miedo a la soledad, el miedo a la libertad, la necesidad de ser parte de un grupo que nos arropa y de seguir a alguien que nos guía y domina nuestra existencia. La búsqueda de la religión como creencia ciega en un dogma que puede ser religioso, partidista o científico, que provoca irremisiblemente una situación de minoría de edad mental perpetua en el acólito. Pero además ese viaje nos traslada a las profundidades de sentimientos como el amor, en su doble vertiente de amor carnal y amor hacia el prójimo, hacia el ser humano, y también la poesía forma parte de la obra. Se podría decir que esta novela es un compendio de la vida y la obra del autor, con muchos pasajes autobiográficos, y un rosario de personajes sacados directamente de la realidad que le tocó vivir.

Aunque si hemos de buscar una palabra que defina este libro, tal vez sea sarcasmo la que más se aproxima. Un libro que comienza con estas palabras: “Una vez había un español que decidió traer la paz al mundo aunque lo tomasen por tonto. Y determinó hacerlo sin fundar iglesia ni formar partido, ni crear ideología” no puede dejar indiferente a un lector que sepa disfrutar con la ironía.

Los personajes van desfilando a lo largo del libro, conduciéndonos a través de pasajes realmente deliciosos y originales, como cuando define la jota bailada, que es sentida, expresada y descrita como un orgasmo auténtico. Otras veces el panorama que nos presenta el autor es realmente dantesco, como las delirantes escenas vividas en el manicomio. Una continua mezcla de dramatismo y comicidad que deja una sensación agridulce en el lector al desembocar en la apoteosis que supone el final del viaje que nos propone aquí Ramón Meseguer.


Fes sociedá a:

  • 10-04-2014 Presentación en la sla Cultural de la Librería Central por Pascual Miguel


    PRESENTACIÓN DE EL ÚLTIMO PROFETA POR PASCUAL MIGUEL BALLESTÍN
    El acto se celebró el día 10 de abril de 2014 en la Sala Cultural de la Librería Central de Zaragoza
     
    Espero no aburrir demasiado a los asistentes a esta presentación, ya que considero que hoy estoy aquí con el objetivo de contar lo que a mí me ha sugerido la lectura de esta novela, y a la vez intentar animar a todo el mundo a descubrir cada uno por sí mismo lo que pueden encontrar dentro de este libro.
     
    Mi impresión sobre la novela es que, como decimos en Aragón, es de buen leer, esto es, que la vas leyendo sin ningún esfuerzo aparente, ya que está escrita con una prosa muy fácil, nada enrevesada, pero a la vez muy cuidada, con las palabras muy medidas, incluso introduciendo algunos “neologismos” o palabras inventadas que le otorgan a la frase el significado preciso. Como ejemplo podemos citar “creedores” en vez de la canónica “creyentes”; pero bajo mi punto de vista esta forma “creedores” le aporta en ese pasaje un matiz un tanto cutre o despectivo que, obviamente, la palabra “creyentes” no posee.
     
    La principal característica del libro es que está escrito bajo la máxima de “escribir sobre lo que se conoce”. Aunque no lo podemos definir en ningún momento como un libro autobiográfico, yo no tengo muy claro si el autor utiliza la narración para recrear vivencias, paisajes, espacios y situaciones que conoció de primera mano, o simplemente es que construye la novela a partir de esas vivencias, paisajes, espacios y situaciones.
    Pero lo que sí está claro es que ese conocimiento de lo que está narrando le da un punto de credibilidad que sirve de armazón y sostiene una historia de ficción que, por otro lado, se adentra en jardines muy espesos para el lector común: los recovecos de la mente humana.
     
    Aunque no es optimista ni rezuma una esperanza ciega en el género humano, pues muchos personajes ponen a lo largo de la obra sus miserias personales por delante de lo que se puede considerar un comportamiento ético y socialmente aceptable, el libro en su conjunto es un canto a la bonhomía, a las buenas personas, a la bondad que casi todos llevamos dentro, a que por encima de los dogmatismos de un signo u otro lo realmente importante son las personas. Y tal vez el mejor resumen que se pueda hacer de todo el libro está en su primer párrafo. Cuando lo leí por primera vez me entusiasmó, pensando que, además de un guiño a Cervantes y a su famoso “En un lugar de La Mancha…”, era toda una declaración de intenciones. Dice así:
     
    Una vez había un español que decidió traer la paz al mundo aunque lo tomasen por tonto. Y determinó hacerlo sin fundar iglesia ni formar partido, ni crear ideología.
     
    Resulta curioso esto que acabo de decir de Cervantes pues, mientras preparaba esta presentación, leí a algunas personas, obviamente mucho más leídas y cultas que yo, algunos pasajes de la novela. El resultado fueron comentarios de este tipo: “pues para mí que esto lo podía haber escrito Cela, podría haberse sacado de La familia de Pascual Duarte, por ejemplo” o, “pero si eso es realismo mágico al más puro estilo de Gabriel García Márquez”, en fin, que todo eran referencias y recordatorios de “primeras espadas” de la literatura. No será este un método científico, ni responde a sondeos de opinión o sesudos estudios de crítica literaria, pero estas “intuiciones” suscitadas por un somero acercamiento a la novela que hoy presentamos, El penúltimo profeta, algo querrán decir sobre lo que les espera a los que se internen en su lectura.
     
    Aunque si hemos de buscar una palabra que defina esta novela, tal vez sea sarcasmo la que más se aproxima. El sarcasmo, que no es otra cosa que la somardería de toda la vida, pero nombrada para un público más serio, que no necesariamente más culto, sobrevuela las páginas del libro, y a veces se posa en unas citas concretas, como las que siguen:
     
    “Dios hizo los cojones para tener al hombre eternamente agarrado por ellos”.
    “Este pueblo que cuando decide utilizar la cabeza, ¡embiste!”.
    “La guerra bendecida por los dioses en la que los hermanos buenos mataban por amor a los hermanos malos”.
     
    Un texto en el que aparecen frases como estas no es fácil que deje impasibles a muchos lectores.
     
    Pero la lectura de esta novela nos aporta mucho más, y nos ayuda a responder a una serie de preguntas, algunas de las cuales probablemente muchos de nosotros no nos hayamos hecho nunca, pero que una vez planteadas es difícil carecer de una respuesta adecuada y vivir cómodamente instalado en la ignorancia.
     
    —Una persona, ¿se puede morir por partes?
    —¿Qué ocurre cuando se cruzan la comitiva de una boda y la de un entierro con ganas de bronca?
    —¿Por qué un sargento del Ejército duerme a sus soldados cantándoles nanas?
    —¿Cuál es la postura más adecuada para que una mujer sea capaz de ganar en un concurso de dejar la marca de meada más alta en una pared?
    —¿Cómo un velatorio es el lugar más adecuado para cantar, bailar y divertirse?
    —Las magdalenas garrapiñadas ¿Son para untar en leche o para comer en seco?
    —¿Cuáles son los cuatro vinos primeros del mundo?
    —¿Por qué dios nunca está frígido ni desempinado?
    —¿Se pueden sentir retorcijones de cerebro más dolorosos que los de intestino?
    —¿Cómo un barbero-enterrador puede analizar la personalidad de cada individuo estudiando la forma de los huesos de su calavera?
    —¿Cuál es el sentido último de la existencia de las putas?
    —¿Qué expresión utiliza un cabo de la guardia civil para decir ¡No me joda! pero en fino?
    —¿Cómo defecaban los soldados de la División Azul en el invierno ruso?
    —¿Cuál es la máxima del guardia civil caminero?
    —¿Hay algo más sorprendente que la misma realidad?
     
    Pero a lo largo de estas páginas, además de la respuesta a todas estas preguntas y a otras que nos podamos plantear, encontraremos muchas más cosas, algunas de ellas francamente deliciosas. Encontraremos:
     
    —Abundantes definiciones del diccionario royogarcesco, verdadera aportación de esta novela a la literatura española contemporánea.
    —Viajes en tren con descripciones preciosistas del paisaje.
    —Una delirante entrada en un manicomio.
    —Una más que delirante estancia en un manicomio.
    —Una estrambótica salida de un manicomio.
    —Romerías campestres que incluyen un recorrido por la gastronomía tradicional de picnic bajoaragonés.
    —Pero lo que más me llamó la atención, personalmente, y por eso lo destaco aquí, es una magnífica descripción de la jota aragonesa bailada, vista no como mero folclore, sino como un juego amoroso que finaliza en una orgía general. Es el erotismo y la concupiscencia de la jota elevados a su máximo exponente; eso sí, sin un ápice de irreverencia ni visos de pornografía.
     
    Y aprovechando que sale a colación el tema de la jota, me gustaría acabar mi intervención con una copla, extraída de esta misma novela, que hace referencia a otro de los temas centrales del libro: la amistad.
     
    El amigo verdadero
    ha de ser como la sangre
    que se presenta en la herida
    sin tener que ir a buscarle.
     
    Espero que estas notas sobre El penúltimo profeta les hayan parecido interesantes y que les hayan inculcado las ganas no solo de leer el libro, sino incluso de comprarlo, más que nada por no tener que esperar a que esté en las bibliotecas; o al menos que hayan pasado un rato agradable participando en esta pequeña fiesta de la cultura que es la presentación de un libro.
     
    Salud y muchas gracias por su atención.

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